sábado, 21 de mayo de 2011

La laicidad moderna y el relativismo

En la actualidad este tema es motivo de preocupación entre los católicos, principalmente los altos jerarcas. Sin embargo la discusión adquiere algunos matices distintos, sobre todo cuando se profundiza en temas filosóficos y no tanto en los prácticos. El primer artículo que desarrollé referente a este tema tuvo como propósito analizar el contraste entre el discurso de la jerarquía y el nivel de obediencia de los fieles.

El actual papa Joseph Ratzinger ha sido muy insistente en tocar este tema, y no es para menos. La realidad actual del mundo cristiano dista mucho de los ideales clericales. El consultor pontificio Stefano Fontana, desarrolló el documento: "El relativismo occidental como cuestión ética y política. Respuesta de la fe cristiana", como parte de un curso sobre doctrina social de la Iglesia.

En sí se trata de rebatir algunas posturas de los laicos actuales, en este sentido me pareció necesario debatir este artículo, puesto que ignora el punto de vista de los laicos, entonces es importante una crítica que proporcione más elementos de debate, para que exista mayor claridad de las dos posturas actualmente confrontadas, muchas veces por la mentalidad cerrada del clero para aceptar ideas distintas.

En primer lugar hace una crítica de la realidad europea en donde la Constitución no hace referencia a Dios, y donde el estado se aleja de la religión. Bueno pues viene siendo resultado de una lucha liberal por separar a Iglesia y Estado. No es una batalla nueva, quizás lo importante sería hacer recordar a los católicos, que ellos mantienen un radicalismo cuando acceden al poder político,siendo hábiles para censurar ideas diferentes y reprimirlas.

Solamente cuando el estado garantiza la laicidad es cuando las personas ejercen su derecho a expresarse. Si esta tendencia tiende a fortalecerse entre la sociedad, entonces no debe culparse al Estado, puesto que será una decisión libre del ciudadano educado, y que conoce su entorno. No reprime su derecho a optar por determinado credo religioso, tiene que ver también con la incapacidad del clero para generar credibilidad, confianza y propuestas.

Puesto que la oposición de la institución católica a los cambios sociales es considerada como una valoración de la dignidad humana, y del valor de la familia. Cuando en realidad se trata de una postura institucional particular, decidida políticamente, esto lo iré desarrollando durante el artículo. 

Se plantea una negación de Dios, y que esto puede atraer nuevamente una "tiranía de ídolos". Esto quizás pueda interpretarse como crítica al modelo socialista soviético, hoy desaparecido. Esta tendencia realmente no es tan creciente, puesto que la tendencia más fuerte es la comercialización de las ideas, los credos y las personas, en donde la Iglesia católica y protestante forman parte activa, ambas instituciones han visto la oportunidad de conquistar nuevos mercados comercializándose, un ejemplo: Alberto Cutié intentó ser el rostro comercial del clero, y en lado protestante los líderes que dicen "hacer milagros".

No se trata realmente de ídolos, sino de libertad de expresión. Las religiones desafortunadamente polarizan a la sociedad, puesto que encarnan intereses políticos particulares. El estado al proclamarse laico no prohíbe la religión, al contrario, pero también garantiza los derechos de aquellas personas que no comparten los diferentes credos, y les brinda la posibilidad de expresar sus ideas y manifestarse.

A esto se le llama laicidad, y es una preocupación para el clero, porque al parecer en Europa un número creciente de jóvenes opta por esta tendencia, y eso significa una amenaza para las instituciones cristianas puesto que perderían cuantiosas sumas de dinero, además de representatividad para pronunciarse sobre asuntos políticos a nivel internacional, es por esto que llaman a algunas regiones subdesarrolladas como la posible "esperanza".

Otra afirmación del texto tiene que ver con la "salvación humana", y que esta puede encontrarse dentro de la propia naturaleza de los seres humanos. Esta crítica principalmente está motivada por un aspecto fundamental, a partir del supuesto que los seres humanos son pecadores por naturaleza, y por lo tanto deben salvarse, y para ello es necesario adscribirse al culto cristiano. Entonces en primer lugar habría que analizar en sí el concepto de salvación, que parte de dogmas, principalmente afirmaciones bíblicas.

La salvación del ser humano es un arma ideológica de la religión cristiana. Puesto que por naturaleza los seres humanos son pecadores, deben arrepentirse de sus acciones, sin embargo, los parámetros de lo bueno o malo no pueden cuestionarse ni relativizarse, puesto que son absolutos, aunque en realidad ninguna persona cristiana puede proclamarse como exonerada, pues el pecado viene a ser parte de la naturaleza humana.

Habría que responder entonces que los seres humanos laicos no pretendemos someternos a la serie de normas impuestas por textos o autoridades consideradas infalibles, como el papa. En realidad los seres humanos cometemos dichas acciones porque forman parte de nuestra propia naturaleza, y de la sociedad de consumo, la cual exacerba las motivaciones para cometer dichos pecados, tales como avaricia, pereza, soberbia, envidia, etc.

En realidad ninguna persona por muy creyente o laica que sea, puede afirmar que no ha caído más de alguna vez en estos "pecados". Puesto que forman parte del actuar humano en sociedad. Y no tienen relación con el cristianismo, puesto que la doctrina únicamente intenta persuadir a los seres humanos para que rectifiquen estas acciones, pero al extremo de someterlos a la voluntad de las autoridades religiosas.

La fe en este caso es orientada por los líderes religiosos como un instrumento ideológico que pretende formar un imán entre doctrina y fe. Es decir, la fe necesariamente tiene que imponer la creencia dogmática sin aceptar ningún cuestionamiento. Dicho aspecto es una decisión política de los dirigentes para mantener su autoridad sobre los fieles, para que de esta manera se puedan reducir las posibles críticas o cuestionamientos que los fieles puedan formular.

El conocimiento de Dios según Benedicto XVI es parte del aprendizaje de la realidad. Concuerdo con dicha afirmación, aunque no literalmente como la plantea el dogma católico. Ciertamente todo ser humano tiende a escuchar esta categoría, y es necesario conocer sobre el tema, no en forma de adoctrinamiento como imponen los religiosos para ganar adeptos, sino como un complemento para que el humano se entienda a sí mismo.

Esto puede estar presente dentro de la corriente laica que acepta la existencia de un ser superior y también entre los laicos ateos. Es que los religiosos a propósito tergiversan a los laicos, colocando como si todos fuesen ateos antirreligiosos, cuando en realidad se trata de varios grupos, en donde generalmente se intenta apartar los intereses políticos e ideológicos clericales de las decisiones políticas de un país, y para garantizar la libertad de expresión y de credo.

Una especie de conclusión interesante tiene que ver con "la laicidad moderna considera al cristianismo útil, aunque no indispensable mientras para los cristianos es indispensable". Esta afirmación está llena de contradicciones y negaciones, aunque sí, los laicos modernos simpatizan con ciertos principios cristianos, y quizás los practiquen más que millones de fervorosos católicos o protestantes.

Es contradictoria porque la mayoría de católicos en la actualidad no practican el cristianismo y solamente utilizan aquellos elementos que les sean convenientes. Es decir, si verdaderamente se seleccionaran a los católicos que practican el cristianismo, entonces la Iglesia perdería a la mayoría de sus fieles y dejaría de recibir millones de dólares para financiar su nivel de vida y protección de intereses.

Quizás los laicos practiquen más principios cristianos en su vida que los fervorosos cristianos que defienden las instituciones religiosas, ejemplos sobran para demostrarlo. Los pastores que lucran con la ignorancia de los fieles esperando obras milagrosas, o los cardenales que utilizan millones de dólares de los fieles para proteger a curas pederastas e incluso amenazar a las víctimas.

Esta afirmación es entonces idealista, no tiene sustento real. Mientras que existen numerosos laicos que llevan una vida mucho más apegada a los principios cristianos fundamentales, aunque no compartan la idea de una religión. Entonces afirmar que los laicos cristianos consideran al cristianismo como indispensable se queda como afirmación teórica, pero no práctica y desacredita mucho de la defensa católica y protestante.

Pienso que los laicos debemos repensar los valores religiosos y analizar los elementos que son comunes con nuestros principios, puesto que muchos de los elementos centrales del cristianismo existen en la sociedad en forma de valores, independientemente de ser religiosos o no. Es decir, están relacionados con la convivencia de las personas socialmente, no se trata de la pertenencia a una institución religiosa o un credo en particular.

El documento de Fontana contiene un aspecto interesante en torno al pecado original. Este autor critica de los laicos "la eliminación del pecado original, ya que la naturaleza y la razón no están corrompidas y piensan que son capaces de salvarse". Aquí es necesario remarcar algunas consideraciones, sobre todo de índole político, puesto que los religiosos temen perder autoridad sobre los seguidores, e incluso perder aún más fieles.

Para las instituciones religiosas es necesario influir entre los seguidores el sentimiento de culpa y el temor. Aunque ellos no lo reconozcan y renieguen de ello, es fundamental para generar una coerción, una obediencia , un control de la conciencia de los fieles. Al no existir el miedo por el pecado, entonces los seguidores pueden relativizar las órdenes morales, las prohibiciones pueden cuestionarse y aceptarse de acuerdo al criterio del creyente.

El concebir una naturaleza corrompida es parte de una concepción católica que tiene siglos de existencia. Los religiosos critican sus propios instintos considerándolos impuros, degradantes. Cuando en realidad son incapaces de controlarlos, muchos sacerdotes en la actualidad mantienen relaciones con mujeres, los fieles viven en uniones libres porque no aceptan la imposición de abstinencia, incluso no lo consideran un valor.

Entonces los actos verdaderamente naturales, los católicos los convierten en "naturaleza corrompida", y cuando se trata de atacar la anticoncepción entonces si alegan "la naturaleza", es una de tantas contradicciones entre los mismos católicos. También alegar una supuesta "naturaleza caída", es parte de la negación sobre la propia naturaleza humana que en la actualidad explora nuevos campos para comprender a los seres humanos.

Uno de ellos es la sexualidad, un mito que los religiosos conservadores siempre han tachado de impuro, incluso de sucio. Aunque existen modificaciones en la actualidad, siempre está ligado a la concepción obligatoria, aquí se prohíbe contradecir la naturaleza. Pero cuando se trata de prohibirle a un sacerdote ejercer esta parte de su naturaleza, entonces no se habla de antinatural.

Otra acusación tiene que ver con la posibilidad de un neopaganismo a partir de la negación de un solo Dios, y la aceptación de numerosos dioses. Esto es una forma de descalificar el pensamiento laico, se trata de hacer creer que solo los jerarcas cristianos tienen autoridad para hablar estos temas. Entonces cualquiera que exprese su opinión está incurriendo en paganismo, es decir su credo tiene un valor inferior, y por tanto es descalificado.

No existe en sí la aceptación de numerosos dioses entre los laicos, sino por el contrario un acercamiento al pensamiento no religioso, es decir que se ejerza con mayor libertad, sin las ataduras doctrinales que imponen las instituciones religiosas. En todo caso si lo consideran pagano, habría que decir que muchas costumbres católicas y protestantes contienen elementos paganos, por lo que el concepto está presente de ambos lados.

Defiende el artículo de Fontana las afirmaciones de Benedicto XVI, para quien la naturaleza requiere de la fe y lo sobrenatural, y que tiene el cristianismo una "vocación para purificar". Concuerdo con la primera afirmación, puesto que los seres humanos necesitamos el concepto de los sobrenatural, como ejemplo, la existencia de Dios, a pesar de ser imposible de comprobar científicamente.

Lo que es cuestionable es esa supuesta "vocación de purificación", cuando la espiritualidad no debe ser motivo para la represión de los instintos humanos de manera extrema. Y cuando en la actualidad el cristianismo no purifica en realidad, puesto que los seres humanos que verdaderamente son honestos, respetuosos y prudentes, no necesariamente son cristianos, mientras muchos cristianos son corruptos, vanidosos, etc.

Las anteriores son características humanas, no tienen relación con el credo religioso. En la actualidad los cristianos no tienen la autoridad moral para proclamarse como "puros", y tampoco para señalar a los laicos acusándolos de "impuros". La teoría de Ratzinger contradice totalmente la realidad de su institución en la actualidad, e intenta criticar a los laicos, cuando muchos de ellos se ajustan mucho más a la verdadera "pureza".

Una acusación más de Fontana esta vez contra la razón es que el pecado original la debilita y por esto tiende a absolutizarse en el laicismo actual. Además de que la verdadera laicidad no excluye a la fe. Aquí existen varios puntos que discutir, sobre todo dada la constante alusión de un supuesto debilitamiento racional motivado por el desarrollo del pecado original.

En primer lugar, hay que recalcar el concepto de pecado, este es concebido por la religión como una tendencia natural humana hacia lo malo, y que por esto necesita purificarse todo el tiempo. El laicismo actual ciertamente depende de la razón, pero a veces más de los conocimientos científicos que le permiten comprender de mejor forma su propio cuerpo y la realidad. Por esto ya no se ven persuadidos por las prohibiciones del clero.

En sí no siempre se trata de imponer la razón, aunque los laicos dependemos del análisis racional para defender posturas ante las críticas de los religiosos. La laicidad no va a ser aceptada por los clérigos puesto que se opone a sus intereses políticos particulares, les elimina terreno de influencia, reduce su capacidad de persuasión, además de que estos merma en su capacidad económica para sostener sus privilegios.

La fe entendida como convicción o sentimiento de seguridad no significa necesariamente un divorcio del laicismo. Esto contiene una postura radical, puesto que los religiosos no toleran al no religioso. Pero tener fe va más allá incluso de la creencia en un ser superior, es una cualidad de los seres humanos, una seguridad que perfectamente puede estar presente en un laico, sea teísta o no, y ausente en un ferviente religioso.

Lo fundamental es que quizás Ratzinger se refiere a la fe en el credo particular religioso, pero esto es una radical transformación de la intención planteada originalmente. Puede ser parte de una estrategia diseñada por los clérigos para descalificar los argumentos laicistas, en donde se rechaza el credo religioso, pero no necesariamente la creencia en un ser superior, incluso aceptando el dogma.

El documento también acusa a la laicidad moderna de ser una fe, precisamente porque pretende prescindir de ella. Como contestación puedo plantear algunos elementos; en primer lugar, no niego la existencia de dogmas, como la creencia en un ser superior. Ahora los laicos modernos no siempre niegan una fe, puesto que no debe ser por obligación la fe una asociación a la religión.

Los religiosos tienden a confundir el concepto de fe con la defensa de doctrina específica. He aquí el principal instrumento de coerción para que los fieles asocien su fe a la obligación de defender un credo particular. Incluso llega al extremo de colocar como secundaria su convicción sobre un ser superior, y algunas veces llega al extremo de promover la defensa de ciertas peculiaridades del credo que son secundarias.

Ante todo se olvidan que la fe se asienta sobre la certeza de la existencia de un ser superior, esta es su principal base. No todos los laicos reniegan la fe, esta es una generalización absurda. Los laicos que niegan la fe, y que llegan al ateísmo ciertamente caen en otra especie de fe, puesto que afirman la no existencia de un ser superior como una forma dogmática, solo que muchas veces más refinada, como los materialistas.

La laicidad de la modernidad no siempre puede asociarse al ateísmo, es una acusación radical impulsada por Joseph Ratzinger. Los laicos se fundamentan en la no aceptación de la religión, esto no excluye el mencionar algunos principios bíblicos, o aceptar el credo de las demás personas. Quienes impulsan el rechazo de los religiosos o irrespeto a sus creencias, son radicales, incluso fanáticos igual que lo son algunos religiosos.

La fe en todo caso es una condición humana necesaria, no importando si se trata de un ser superior o un credo religioso. Debe entenderse como condición humana, no como el dogma religioso que no acepta cuestionamiento. Esto pretende legitimar incluso las formas mecanicistas de adoctrinamiento que impulsan los clérigos, como obligar a repetir mecánicamente numerosas plegarias, que los fieles no les encuentran sentido.

Y todo se realiza en nombre de la fe, del supuesto deber del creyente para aceptar mecánicamente las imposiciones de su autoridad religiosa. Entonces resalta nuevamente la prohibición de la independencia del individuo, su obligada sumisión ante la autoridad religiosa, y esta relación de poder es legitimada en nombre de la fe, una contradicción de la esencia de la enseñanza de Jesús cuando desafió a sus autoridades religiosas.

Una afirmación común entre católicos y cristianos en general es negar que la naturaleza y razón puedan llenar al ser humano, sin la necesidad del credo religioso. Esto se afirma para llenar al ser humano, sin la necesidad del credo religioso. Esto se afirma para afirmar que los laicos estén obligados a aceptar la religión para alcanzar su plenitud espiritual. Tal afirmación es falsa, puesto que la espiritualidad no está ligada necesariamente a la religión, los religiosos creen que no es así.

Todo este dogma lo construyen a partir de considerar la naturaleza pecaminosa del ser humano. Asociando con lo malo muchos instintos y rasgos puramente humanos, como el deseo sexual, la envidia o avaricia. Cuando en realidad los laicos pueden alcanzar un grado de espiritualidad. El espíritu no crece repitiendo mecánicamente las órdenes del cura o pastor, sino formándose, y practicando un estilo de vida sin vicios.

Lo cual muchas personas no lo consiguen aún cuando se proclamen fervorosamente religiosas, y critiquen a los laicos. Este radicalismo ha sido impulsado por el radicalismo que caracteriza a buena parte de los líderes religiosos actuales, que buscan la imposición de la intolerancia, y no son capaces de escuchar ideas distintas o contrarias a sus propios intereses, incluso a veces la política prevalece por encima de la fe o la doctrina.

Otra provocación de este escritor es plantear que la laicidad es un descenso de nivel. En este caso se refiere a los relativistas, a quienes aplican su criterio y tienden a rechazar la imposición del clero. Esta afirmación se suscita por la desobediencia actual del cristiano a muchas restricciones como la libertad sexual, el tema más polémico en la actualidad y que más problemas le generan al clero de nuestros días.

Puesto que supuestamente la "salvación" no podrá alcanzarse solo con la naturaleza humana. Este grado de supuesta superioridad espiritual está ligado a reprimir el deseo sexual del ser humano por considerarse contra el espíritu. Esta afirmación es tajante, pero común en los católicos, demuestra su escaso grado de adaptación a los cambios sociales, y sobre todo la soberbia que pretenden defender inútilmente alegando resistencia al cambio.

Para los católicos el relativismo actual es concebido como una dictadura, puesto que al parecer gobierna el mundo occidental. El punto principal a criticar es la supremacía de la razón sobre la fe, sin embargo, buena parte de los mandatos morales son relativizados no ejerce tanta presión la razón, sino que otros elementos como la propaganda mediática, y las luchas políticas que buscan la libertad sexual.

La decadencia en la fe de millones de personas tiene relación con su propia realidad. No se puede negar una crisis mundial actual, en donde el sistema económico deja morir de hambre a millones, se cometen múltiples abusos de toda índole con el fin de lucrar. Además la violencia, el desempleo, la falta de oportunidades son motivaciones para perder la fe, sea en un ser superior, una religión o simplemente en sí mismo.

Las instituciones religiosas no escapan de dicha realidad. Para ello también ingresan al juego, buscando atraer personas como si fuesen clientes. Los ofrecimientos sobre todo en instituciones protestantes giran en torno a beneficios económicos. Los católicos por su parte, se encuentran inmersos en numerosos casos de corrupción, su credibilidad en la actualidad es bastante baja.

Al desaparecer las verdades absolutas entonces los religiosos hablan de una dictadura. Pero precisamente porque no han sido capaces de conciliar la libertad sexual con la moral cristiana. Sino por el contrario, han polarizado la lucha, en donde los clérigos buscan siempre imponer su voluntad, no importándoles sus fieles. Es una muestra de la decadencia actual del clero.

El perfeccionamiento técnico ha acompañado todas estas luchas por la libertad. La posibilidad de anticoncepción y aborto, eutanasia, fertilización artificial, etc. colocan nuevamente al frente la discusión entre moral y ciencia, entre libertad y conservadurismo, la ética es nuevamente relativizada y radicalizada desde distintos sectores interesados.

Otra acusación del autor es que dada la realidad descrita anteriormente, entonces los valores humanos no podrán subsistir sin el cristianismo. Lo interesante del caso es que los cristianos relativizan estos mandatos, es decir, no los cumplen. Estos jerarcas a diferencia del papa, idealizan a su sector, anteponen la teoría a la realidad. No son capaces de ver que muchos de quienes incurren en las prácticas descritas se proclaman cristianos.

Y es que para los religiosos conservadores el relativismo es una amenaza para sus intereses particulares. Pero tienen la desventaja de que sus fieles ya no les obedecen, esto nunca es resaltado por Fontana en este documento. El estado no puede ser la expresión del interés conservador únicamente, puesto que sería una burla a la democracia, claro que los conservadores creen ser muy democráticos, cuando tienden a aceptar posturas autoritarias.

La cultura democrática es abrir posibilidades de diálogo, en donde los religiosos no puedan imponer su verdad como absoluta. Es decir, ellos tienen sus propios espacios de expresión, el problema que experimentan es que se encuentran en absoluta desventaja y su credibilidad disminuye día a día. No quiero decir con esto que se encuentren en una decadencia terminal, pero si en una crisis muy profunda y no son capaces de salir.

El clero es el primero en hacer socavar las posibilidades de diálogo, puesto que no toleran ideas contrarias a su pensamiento. Es muy sencillo verlo en sus medios de comunicación, en donde la discusión se ve constantemente manipulada y guiada por el interés mecanicista de los clérigos o líderes protestantes, las ideas contrarias o polémicas nunca aparecen, y si lo hacen, no son debatidas sino inmediatamente descalificadas.

El estado laico garantiza ciertas verdades absolutas, como la libertad individual, la libre expresión del pensamiento y de culto. Estos elementos no los toma en cuenta el conservador radical Fontana. Precisamente porque han debilitado los intereses particulares del clero, y por ello se acusa al concepto de cultura democrática de no fomentar el diálogo, precisamente por los privilegios perdidos.

Sostiene que los laicos "creen que el diálogo es un caminar juntos y hacer que emerja una verdad concreta". Esto ciertamente no es posible, es decir, nunca se podrá conciliar verdad laica con religiosa, puesto que ciertos fundamentos liberales contradicen el interés conservador religioso. Entonces de lo que se trata de garantizar el derecho de los conservadores a llevar su estilo de vida, pero a no interferir en el estado laico.

 La esencia del problema no reconocida por Fontana es que los religiosos actuales también son relativistas. Es decir, al existir margen de libertad, los fieles también entran en este estilo de vida llamado "cultura de la muerte" por el conservadurismo más radical. Pero es necesario que se mantenga, puesto que la democracia es un escenario que representa la lucha de intereses entre conservadores y liberales, entre izquierda y derecha.

Para los religiosos el estado tendría que ser cristiano, lo cual es una contradicción, puesto que vedaría el derecho de participación a los no cristianos, a los laicos, a los ateos, etc y estos también tienen derecho a expresarse y participar plenamente en una democracia. El abundante número de acusaciones contra la libertad laica están relacionadas con la pérdida de influencia del clero, y de obediencia de sus cristianos.

El último planteamiento que quiero debatir de Fontana es considerar al relativismo laico como una religión, en donde está disponible el derecho a la "inmoralidad" y el "deshonor". Una acusación bastante común, pero que solo demuestra la escasa apertura de los conservadores al diálogo, precisamente por su radicalismo y resistencia a aceptar ideas contrarias a sus intereses institucionales.

El concepto de moral es en la actualidad un debate polémico, en donde los conservadores religiosos no siempre salen bien parados. La actual corrupción generalizada de la Iglesia, no reconocida por cierto, por el autor de este artículo, reduce la credibilidad de estas personas para considerarse a sí mismas como única autoridad para poder hablar sobre estos temas.

Entonces para ellos debe partirse de la verdad absoluta que les proporcione la razón en todo. Esto es claramente imposible, puesto que se trata de una visión radical que no deja posibilidades a las formas de pensar distinto. Los conservadores se resisten a aceptar que en la actualidad ya no son ellos quienes dirigen la sociedad, sino que deben agruparse para presionar al Estado, pero allí se encontrarán con intereses contrarios.















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